Con-Ciencia y Sin Corbata
Investigación nacional del lonche
Esta semana me aventé una investigación profunda.
Amplia.
Multigeneracional.
Con hombres, mujeres, distintos rangos de edad, años de experiencia sentimental y participantes ubicados en diferentes etapas de la vida en pareja.
Prácticamente un estudio longitudinal.
Bueno…
Mandé WhatsApps.
Pero fueron muchos.
La pregunta era fácil:
Cuando recién empezaste a vivir con tu pareja, ¿te preparaban lonche para llevar al trabajo?
Y debo decir que pocas investigaciones que he hecho en mi vida habían despertado tanto interés.
La gente no solamente contestaba.
Daba contexto extendido.
“¿Cómo va la encuesta?”
“¿Qué te contestaron los demás?”
“Pásame el resultado.”
“¿Cuántos van?”
Hubo quien hasta empezó a preocuparse por mi futuro sentimental.
Otros aprovecharon para darme consejos que no pedí, pero agradecí.
Que no me acostumbrara.
Que las costumbres hacen leyes.
Que marcara precedente desde el principio.
En cuestión de minutos yo ya no estaba haciendo una encuesta.
Estaba coordinando prácticamente el primer estudio nacional sobre expectativas, concubinato y Tupperware.
La muestra final fue de alrededor de 16 personas.
El resultado:
15 a 1.
Quince casos donde el famoso lonche diario nunca ocurrió, duraron poco o desapareció con el tiempo.
Uno sobrevivió.
No hablaremos de él porque claramente representa una anomalía estadística y amenaza la narrativa de esta investigación.
Pero lo que más me llamó la atención no fue el 15-1.
Fue que todos querían conocer el resultado.
Y ahí entendí que a lo mejor nadie estaba realmente hablando de comida.
El lonche solamente era el pretexto.
Estábamos hablando de expectativas.
Porque tenemos una facilidad llamativa para convertir una atención en una obligación.
Alguien hace algo bonito por nosotros varias veces y nuestro cerebro rápidamente redacta un contrato.
Lunes: lonche.
Martes: lonche.
Miércoles: lonche.
Jueves…
Ya asumimos que tenemos comedor industrial contratado hasta nuevo aviso.
Y cuando un día no aparece:
“¿Qué pasó?”
“Antes sí me hacías.”
“Ya cambiaste.”
“Ya no eres como al principio.”
Quizá sí.
Pero también existe otra posibilidad:
que nadie haya prometido hacerlo para siempre.
Y esto pasa muchísimo más allá de una pareja.
Esperamos que nuestro jefe se encargue de nuestro crecimiento profesional.
Que Recursos Humanos diseñe nuestra carrera.
Que nuestros papás sigan solucionando.
Que nuestros amigos siempre estén disponibles.
Que nuestro socio saque adelante la bronca.
Que alguien vea que necesitamos ayuda.
Que alguien llegue.
Que alguien resuelva.
Que alguien prepare el lonche.
Y cuando no pasa, sentimos que alguien nos quedó mal.
A veces sí.
Pero otras veces simplemente estamos ejerciendo un contrato que solamente existía en nuestra cabeza.
Eso fue lo que me gustó de esta investigación.
Entre bromas, carcajadas y respuestas completamente distintas, apareció una idea mas seria:
tenemos que hacernos responsables de nosotros mismos.
Eso no significa caer en lo ridículo de:
“Yo no necesito a nadie.”
Claro que necesitamos gente.
Qué maravilla que una pareja te cuide.
Que alguien te prepare algo.
Que tu familia te eche la mano.
Que tu jefe te enseñe.
Que tus amigos aparezcan cuando estás atorado.
La vida acompañada es infinitamente mejor.
Pero acompañar no significa cargar.
Y querer a alguien tampoco significa convertirte en el responsable oficial de resolverle la vida.
Una persona de mi sofisticada muestra científica me contó que simplemente se preparaba comida
para varios días, la congelaba y se la llevaba al trabajo.
Y esa respuesta, resume toda la investigación.
No puedes controlar cuánto tiempo alguien va a hacer algo por ti.
Pero sí puedes aprender a no depender de que lo haga.
Tu carrera es tuya.
Tu salud es tuya.
Tus finanzas son tuyas.
Tus decisiones son tuyas.
Tu crecimiento es tuyo.
Y, al parecer según los resultados de este estudio…
tu lonche también.
Así que después de decenas de mensajes, seguimiento permanente de los participantes y una comunidad completamente involucrada con los avances de la investigación, puedo publicar finalmente la conclusión.
15 a 1.
Margen de error: enorme.
Valor científico: cuestionable.
Pero la enseñanza me parece bastante buena:
si alguien te prepara el lonche, agradécelo.
Disfrútalo.
Hasta presume el topper.
Pero procura siempre saber dónde está el refrigerador.
Porque el amor puede prepararte el lonche de vez en cuando.
Pero el hambre sigue siendo tuya.




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