CON-CIENCIA Y SIN CORBATA
Estar en tu cuarto no garantiza nada
Esta semana escuché una plática de Josefina Vázquez Mota, excandidata presidencial. Nos contó que hoy está dedicando su tiempo, dinero y esfuerzo a causas sociales, y habló de su libro Mamá, papá: me hiciste adicto/a. Desde el título bastante fuerte, deja pensando.
Pero lo que me hizo poner atención al instante fue escuchar “Torreón, Coahuila”. Mi estado. Después mencionó Lázaro Cárdenas, Querétaro y otros casos que nos han dejado preguntándonos qué está pasando con nuestros jóvenes.
Hace unos días escribí “Coahuila: hay que entrarle”. Los invitaba a participar, compartir lo que sabemos y dedicar tiempo a nuestra comunidad. Después de esta conferencia me quedó una tarea más: enterarnos de qué está pasando dentro de nuestras propias casas.
Porque todavía decimos “está en su cuarto” con una tranquilidad muy comoda.
¿Con quién está hablando? ¿Quién le escribe? ¿Qué le están ofreciendo?
Josefina habló del reclutamiento de menores a través de videojuegos. Y esto tiene casos documentados. En octubre de 2024, la Fiscalía de Oaxaca informó que localizó en Sinaloa a un adolescente que había sido enganchado por una red criminal mediante Free Fire.
A mí me gustan los videojuegos. He pasado horas echándome un FIFA. Precisamente por eso creo que debemos entender la diferencia entre jugar y permitir que un desconocido gane la confianza de un menor por el chat.
Nos aprendimos eso de “no hables con extraños”. Ahora hace falta explicar que también aplica cuando el extraño trae un gametag chido y juega muy bien.
Otro tema fue el acceso de niños a pornografía. Josefina dijo tener documentados más de tres mil casos relacionados con esto.
UNICEF sí advierte sobre la facilidad con la que los menores pueden acceder a contenido pornográfico, incluso extremo. Exposición y adicción no son lo mismo, pero las dos palabras valen la pena más atención que un “seguramente ya sabe”.
Si un niño encuentra algo que lo asusta, lo confunde o lo incomoda, necesita poder contarlo. Si recibe una humillación o un castigo automático, le estamos poniendo bastante difícil pedir ayuda.
También habló de las comunidades incel. El término viene de “célibe involuntario”; en ciertos lugares se convierte en una identidad alimentada por el resentimiento y el odio hacia las mujeres. No es un solo grupo con una lista de integrantes. Hay espacios donde se culpa a las mujeres del rechazo y se refuerzan discursos misóginos.
Sobre Torreón, la Fiscalía señaló que los agresores admiraban a autores de ataques masivos conocidos por internet. Eso vale la pena investigarse con toda seriedad; afirmar que “eran incels” como explicación simplifica algo que todavía requiere investigarse.
La platica abordó además el desarrollo cerebral. Hay investigaciones que encuentran asociaciones entre el uso de pantallas y diferencias en circuitos relacionados con la atención y el control de impulsos. Eso no permite concluir que todos los niños tengan cerebros “completamente distintos” ni que una pantalla explique por sí sola una agresión.
Lo que sí podemos hacer empieza hoy mismo.
Pedirle a un hijo, sobrino o hermano que nos enseñe qué juega. Conocer sus contactos. Acordar horarios, revisar juntos la privacidad y activar controles acorde a su edad. Son medidas que también recomienda el sistema nacional de protección de la niñez.
Y guardar nuestro propio teléfono mientras nos lo explica. Va a estar difícil pedir atención si contestamos correos a media platica.
Las familias necesitan respaldo de escuelas, especialistas, autoridades y plataformas. También podemos ayudar desde una asociación: organizar orientación digital para padres, acercar profesionales y fomentar actividades donde los jóvenes convivan.
No quiero dedicar esta columna a la trayectoria política de Josefina. Me interesa la lucha que nos puso enfrente y lo que vamos a hacer después de escucharla.
En mi artículo anterior les pedí entrarle. Hoy empezaría por una pregunta, hecha con interés y sin tono de interrogatorio: “A ver, enséñame qué estás jugando”. Y esta vez sí quedarnos a escuchar.




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